Andanzas y naveganzas a vela y pedal

Tripulante busca barco

Cuando me hablaron de que a partir de noviembre los puertos canarios se llenan de barcos veleros que se disponen a cruzar el Atlántico, me imaginaba que habría una gran demanda de tripulantes, con o sin experiencia, para ayudar en las guardias y las diferentes tareas a bordo durante la travesía. También me imaginaba que no habría muchos locos que, como yo, estarían dispuestos a embarcarse en una cascara de nuez en alta mar y convivir durante casi 3 semanas con desconocidos en un espacio reducido. ¡Ay amigo! ¡Qué equivocado estaba!

En efecto, de noviembre a enero es la época más propicia para navegar a vela desde Europa a América. En estas fechas, los famosos vientos alíseos soplan a favor y son muy constantes, y el clima en el Atlántico y el Caribe suele ser muy estable. De hecho, esta travesía oceánica es conocida por ser de las más placenteras y sin muchos sobresaltos, aunque al cruzar un todo océano los sobresaltos están prácticamente garantizados… Las ruta más común quizás es la que para en Gibraltar, Las Palmas, Mindelo, y llega a alguna de las Antillas menores, como Santa Lucía, Martinica, o Barbados. Aunque hay muchas rutas posibles, prácticamente todos los barcos hacen una parada en alguna de las Islas Canarias, y muchos también en el archipiélago de Cabo Verde.

Al llegar al muelle deportivo de Las Palmas, la marina más grande de las Canarias, en seguida compruebo que hay cientos de barcos atracados preparándose para el cruce. La mayoría de ellos van a participar en la regatta ARC (Atlantic Rally for Cruisers), que comienza en dos semanas. Se respira ambiente náutico, algunos barcos cruzan por primera vez, y los armadores y tripulantes acuden a eventos y fiestas organizadas por la ARC mientras ultiman sus preparativos.

En el mismo muelle se encuentra el Bar Sailors, mítico punto de encuentro navegantes, tripulantes, y aspirantes a tripulantes buscando barco. Es aquí donde me doy cuenta de la situación: hay decenas de aspirantes, como yo, buscando un barco donde enrolarse. Y muchos más están por llegar, cada día que pasa aparecen nuevos aspirantes, lo que hace que la “competencia” sea cada vez mayor. La mayoría de los aspirantes son chavales jóvenes, de un sinfín de nacionalidades, muchos de ellos con bastante experiencia en el mar. A esto se suma que prácticamente todos barcos que participan en la ARC tienen sus tripulaciones cerradas, ya que llevan preparándose para la travesía desde hace meses.

Como es lógico, meter un tripulante desconocido en tu barco (tu casa) no es algo que un armador decida a la ligera. Al hacer esto se asumen ciertos riesgos, y algunos episodios ocurridos en años anteriores lo demuestran. Para que ser admitido en un barco es casi fundamental tener experiencia náutica, don de gentes, pasar tiempo con los armadores para que te conozcan, y sobre todo mucha paciencia. Esto va a ser mucho más difícil de lo que pensaba.

A pesar de las pocas expectativas de éxito en la búsqueda, mi tiempo en Las Palmas transcurre mucho mejor de lo que habría imaginado. Son días de intensa vida social, cultural y musical. Alojado en el hostel Lua Lua, junto a la playa de Las Canteras, se forma un bonito grupo de gente entre los huéspedes allí alojados, los voluntarios y algunos artistas locales. Por las noches tocamos música en la azotea, en Las Canteras o en la bellísima playa de El Confital. Varios de los huéspedes son hitchhikers como yo que han venido a buscar barco. En este momento no lo sabemos, pero algunos de nosotros nos volveremos a encontrar al otro lado del charco…

En esos días, además, se celebra en Las Palmas el festival internacional de músicas del mundo WOMAD, que es el colofón a estos días tan musicales. Uno de mis amigos de Lua Lua, Laurent, es miembro de una de las bandas que actúan en el festival, unos belgas locos llamados Kermez a l’Est, muy recomendables en directo. Necesitan a alguien que les grabe en el escenario y me acaban consiguiendo un pase de artista para acceder con ellos al backstage. ¡No me había visto nunca en una igual!

Durante el festival, también conozco espontáneamente a Tomás, un canario ex jugador de baloncesto, que en los siguientes días me enseña un poco la isla, me ofrece su casa y hasta su coche, como si fuera su amigo de toda la vida. Este tipo de cosas solo pasan en las Canarias. Una cosa está clara: encontrar o no barco es lo de menos, venir a Las Palmas ya ha merecido la pena.

A punto de cumplir las dos semanas de búsqueda, con muy pocas expectativas de encontrar barco, empiezo a pensar en un plan B: renunciar a la travesía atlántica, volar con mi bicicleta a cualquier punto de Sudamérica, y empezar a pedalear por el continente. La salida de la ARC es en tres días, y después deben llegar otros barcos independientes, así que decido darme una semana más de margen antes de renunciar. Pero un acontecimiento inesperado está a punto de suceder.

La lluviosa mañana del jueves 22 de noviembre, estoy a punto de meterme en la ducha, cuando suena mi teléfono. Se trata de una voz extranjera, que se expresa con mucha dificultad en inglés. Me pregunta si hablo ruso, le respondo que me defiendo. Nos citamos en el bar Sailors en una hora para hablar en persona. Es el capitán de un barco ruso, necesita un tripulante, y me ha llamado porque ha visto la banderita rusa en mi anuncio. No me lo puedo creer, es mi oportunidad. Sin poder controlar la euforia, me ducho, me visto y salgo corriendo hacia la marina, sin importarme mucho la lluvia torrencial que me está cayendo encima. Por el camino, me anoto algunas palabras importantes en ruso, casi todas desconocidas para mí hasta ese momento: barco, velas, timón, casco, millas, nudos, etc.

El capitán Slava, de unos 60 años, con aspecto de lobo de mar, como recién salido de una versión moderna de piratas del Caribe, me recibe sonriente en el bar Sailors. Desde el principio me habla en ruso, idioma que casi no he practicado en 10 años. Sorprendentemente mi oído se porta bien y entiendo casi todo lo que me dice, aunque a mí me cuesta horrores poder decir hasta las frases más simples. Tras tomar un café, me pide que lo acompañe para enseñarme el barco. Se trata del Garuda, un Beneteau First 50 del 2011, un barco muy bonito y muy rápido. Slava me explica que van a participar en la ARC, y que la tripulación se compone del armador, que llega mañana, y un chaval ucraniano con bastante experiencia que ha reclutado en Las Palmas. Necesitan un tripulante extra conocimientos básicos de navegación para poder hacer guardias, a poder ser que hable ruso. La única regla: nada de alcohol ni drogas a bordo.

Después de un período de reflexión de unas horas por las dos partes, me confirma que estoy en su equipo, salimos en tres días. Aún no me lo puedo creer, pero es verdad. Voy a cumplir un sueño, ¡voy a cruzar el Atlántico en un velero!

Hasta pronto Las Palmas, nunca olvidaré estas últimas dos semanas. Prometo volver pronto, pero ahora mi camino sigue hacia el sur.

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